Colaboraciones 2008 - Página 15

Índice de Artículos
Colaboraciones 2008
I.QUE SE VAYAN
II. CORRE, CONEJO
III. LA ESTRELLA ERA...
IV. YA LO DECIA...
V. ¿DONDE ESTUVISTE...
VI. VOCABULARIO...
VII. INCREMENTO...
VIII. OBJETIVO...
IX. DEL BOSQUE
X. UN TIPO...
XI. FORTUNA
XII. UN MINUTO...
XIII. CALABAZAS
XIV. HE VENIDO...
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XIV. HE VENIDO A BUSCARTE

 Fue ya casi al final, cuando estaba a punto de marchar para casa, porque uno anda algo tocado del oído (‘más sordo que una Tapia’) y el exceso de decibelios resulta demoledor. Digo que decidí llegarme hasta la pista central de baile para disfrutar un poco más viendo a la gente deslizarse con la suavidad concentrada con la que (dicen) alcanzan los amantes el punto crítico de ebullición. Y para mi sorpresa, el estribillo de la canción insistía una y otra vez en una frase tan demoledora como familiar, una declaración de amor definitivo, sin paliativos

-         Yo soy la muerte, yo soy la muerte. He venido a buscarte.

Lo que quiero decir es que allí había treinta parejas bailando al ritmo de aquella declaración funesta y, sin embargo, no mostraban signo alguno de temor o desasosiego. Más bien sonreían, mirando fijamente cada quien a su pareja como quien está a punto de alcanzar ese estado de raro equilibrio que asociamos a la pasión desatada.

Me preguntaba yo si quienes bailaban estarían escuchando la canción o si, por el contrario, se dejaban llevar simplemente por la enajenación de la música que nos arrebata cuando el ritmo se aloja en las tripas y uno pierde las nociones del tiempo y el sentido común. Visto así, daba la impresión de que toda aquella gente resbalaba insensiblemente hacia un territorio en el que metales y percusión elevan a los que bailan hasta situarlos en un plano en el que la gravedad se difumina. Y por eso sonreían, felices de trascender la simple realidad de una sala de baile.

Entonces quise suponer que no en vano habíamos ido allí a rematar la noche. Después de todo ha sido también éste un verano plagado de momentos estelares, a menudo íntimamente ligados a situaciones agónicas que no resultan demasiado ‘razonables’ para quien no lo viva desde dentro. Y del mismo modo que las parejas de baile oían la llamada definitiva con una sonrisa en los labios y una explosión de fuego en la cintura, de ese mismo modo, raro será quien no haya sentido un jueves sí y otro también ese momento de plenitud que, por arte de magia, se aproxima al paroxismo de la angustia, sin  que el peligro de su vecindad disminuya el placer de haber estado cerca, muy cerca, de esa línea difusa que separa la felicidad de la tragedia.

Por eso nunca acabaremos de valorar en lo que vale la permanente presencia entre nosotros de esos dos magos de la Tapia (ya casi prefiero no decir sus nombres, porque no se nombra a los dioses) que destilan cada jueves en nuestras venas las dosis ajustadas de dolor y éxtasis que nos permiten oír la seductora voz de la agonía como si fueran cantos de sirena.

Y por eso mismo el premio femenino a la ‘Ilusión’-2008 tenía que ser precisamente ‘Killer’. No podía ser de otro modo. Efectivamente, ‘ella vino a buscarnos’.

(A 20 de mayo de 2009)

 

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