Colaboraciones 2008 - Página 3

Índice de Artículos
Colaboraciones 2008
I.QUE SE VAYAN
II. CORRE, CONEJO
III. LA ESTRELLA ERA...
IV. YA LO DECIA...
V. ¿DONDE ESTUVISTE...
VI. VOCABULARIO...
VII. INCREMENTO...
VIII. OBJETIVO...
IX. DEL BOSQUE
X. UN TIPO...
XI. FORTUNA
XII. UN MINUTO...
XIII. CALABAZAS
XIV. HE VENIDO...
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II. CORRE, CONEJO.

La tarde estaba como rara, sin acabar de decidirse por el sol o la tormenta. Un poco como el personal, consciente todo el mundo de que falta poco para el verano, pero con el cuerpo como de marzo. Vamos, que la cosa andaba algo fría. Aunque casi mejor, si me pongo a recordar el agobio de 2006 en este diez mil. Ya lo decía Lloz el otro día, y bien que me acuerdo.

Me acuerdo, sobre todo, de la larga subida hasta Somosaguas, con el gran manitú al final de la cuesta, saboreando despacio la agonía que nuestra mala cabeza había dibujado en unos rostros que más parecían calaveras. Claro que, a algunos, y no quiero señalar, la calavera no acaba de abandonarnos: ‘Polvo eres’, que dijo el otro.

Hablando de polvo, se me olvidaba lo del conejo (Josero, no es lo que piensas). Resulta que mi objetivo hoy era subir decentemente la cuesta mencionada, más que nada para lavar aquella afrenta de hace dos veranos. Y claro, no he visto mejor solución que pegarme a la espalda de Serafín y Miguel Ángel, dos garantías donde las haya. Pero una cosa es pensarlo y otra conseguirlo. A falta de seiscientos metros, han abierto un hueco considerable. Y lo que son las cosas: Serafín se ha vuelto y me ha dado un empujón en forma de grito de ánimo. Se lo he agradecido, pero la procesión iba por dentro.

Total, ya metidos en la tapia, me ha vuelto algo de color (por decir algo) a la cara, y he podido entonarme un poco. Pero iba solo. Delante, Malagueta. Detrás, ruido de pisadas como una amenaza inminente. ‘¿Qué hago yo aquí?’, me he preguntado en ese instante. ‘Nada se me ha perdido en este sitio, me duele todo, y mañana me va a doler más. Quiero irme a mi casa’. En fin, lo de siempre.

En esto, una estampa campestre me ha sacado de mi particular atasco: un conejo joven ha saltado por la izquierda y, brinca que te brinca, se ha puesto delante de mis narices. A su rebufo ha saltado un perro lobo, tan poderoso como torpe. Quiere decirse que, a base de saltos en zig-zag, de agilidad y descaro, el conejo ha jugado a placer con su perseguidor, incapaz de cazarlo, no sé si por falta de reflejos o por el apelmazamiento a que le condena una vida supongo que excesivamente cómoda.

Y me he preguntado: ‘Ahora mismo, ¿tú qué eres, conejo o perro?’. Por un lado, todo indicaba que el conejo era Malagueta; por otro, las pisadas que me amenazaban por la espalda me indicaban que el perro venía detrás de mí. ¿Entonces?

He intentado convivir con esa zozobra los tres últimos kilómetros, con esa duda identitaria, ese abismo de personalidad, ese caos metafísico tan común en estos tiempos: ‘¿Quién soy?’.

Y me he quedado sin saberlo. Tampoco los sueños de esta noche me han dado solución alguna. Total, esto de la tapia me confunde. Y encima, no ha descargado la tormenta. Con la ilusión que me hacía llegar al MP envuelto en un rudo fragor de truenos dando caza al dichoso conejo…Mucho me temo que soy un simple perro … apalea’o.

 



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