Colaboraciones 2008 - Página 6

Índice de Artículos
Colaboraciones 2008
I.QUE SE VAYAN
II. CORRE, CONEJO
III. LA ESTRELLA ERA...
IV. YA LO DECIA...
V. ¿DONDE ESTUVISTE...
VI. VOCABULARIO...
VII. INCREMENTO...
VIII. OBJETIVO...
IX. DEL BOSQUE
X. UN TIPO...
XI. FORTUNA
XII. UN MINUTO...
XIII. CALABAZAS
XIV. HE VENIDO...
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V.- ¿Dónde estuviste todo ese tiempo?

Hay momentos en la vida que marcan una frontera definitiva, acontecimientos que suponen el ser o no ser de un pueblo, una familia o una banda de atracadores. Hay circunstancias en las que no queda más remedio que decidir, y esa decisión determina para siempre el carácter y el perfil de un individuo.

Vale, me llamo Eduardo Villena Lozano y me gusta correr. Hoy he ido a la Tapia por primera vez. Éramos muchos. Exactamente 34.

Conocido es lo de Pilatos con la jofaina y la toalla o lo de César en el Rubicón; lo de Homer Simpson a punto de caer en brazos de una rubia despampanante o lo de Mariana Pineda cosiendo la enseña de la libertad; también lo de Pizarro (el de Endesa, no; el otro) y lo de Mastroiani, que prefirió una tarde con la Loren en lugar de un acto a mayor gloria del Duce. Eso por no hablar de Susana, que acabó subiéndose a la moto del mastuerzo de Fernando ‘el Zurdo’, y se olvidó para siempre de mi vieja bicicleta (y de mí, por descontado).

Qué hacer. Adónde ir.

Me llamo Eduardo Villena Lozano, ya digo. Y tal vez debería aclarar que en ocasiones prefiero la soledad del asesino (o la soledad del corredor de fondo, da lo mismo) a la multitudinaria combustión de una masa sin identidad. Uno de nosotros (una, para ser exactos) se hace llamar ‘Killer’, y hoy ha conocido el sabor de la sangre en el ‘Puente de la Muerte’, cerca del Cagigal.

Por cierto, hoy es veintiséis de junio, día de san Pelayo, para más inri, un tipo legendario tan asturiano como Villa. Quiero decir, un villano tan legendario como... O no…Creo que me estoy haciendo un lío. Yo mismo soy también villano, o Villena. No sé…

¡Ah!, también podría ser futbolista ruso, llamarme Andrei Arshavin y cobrar un millón esta noche en caso de ganar; o beberme una botella de güiski con el beneplácito de Hiddink para ‘procesar la tensión’. Pero desgraciadamente no tengo más nombre que Eduardo Villena Lozano, y nunca bebo después de hacerlo (no daré más pistas).

Quizá sólo se trate de batir un récord: diecisiete millones al otro lado de la pantalla; la inmensa mayoría, gente que no distingue entre un lateral que desborda por la banda y un centrocampista de cierre que en ocasiones intercambia su posición con los centrales o bascula hacia las bandas abriendo pasillos de seguridad, porque ese es el concepto-clave de míster Zapatones.

Ya digo, soy Villena Lozano (Eduardo), y no sé por qué asocio las judías con almejas (mi plato favorito) a las grandes tardes deportivas. Al circo, sin embargo, dejé de ir cuando me enteré de que el tragasables le pegaba una paliza diaria a su hija, una trapecista tan flexible como melancólica.

En ocasiones, es muy reconfortante disolverse en un grupo de tipos anónimos que suben por la carretera del teleférico en una tarde de junio, y ahogarse de calor.

Me pusieron de nombre Eduardo (Villena Lozano). Siempre me he llamado así. Pero mis amigos dicen que desde lo de Susana estoy un poco raro. No seré yo quien lo niegue. Sin embargo, ya ves, esta tarde me he cruzado con ella en el cerro Garabitas. Por lo visto se cansó del ‘Zurdo’. Y también a ella le ha dado por correr. Total, que hemos llegado a casa a las diez en punto, y por tres veces he visto a Susana entrar hasta el fondo de las mallas. Quiero decir, hasta tres veces he resbalado bajo las mallas de Susana hasta explotar de gozo. Bueno, exactamente no sé cómo ha sido, pero me ha parecido que los rusos estaban algo mustios.

 

 

 



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