Colaboraciones 2008 - Página 8

Índice de Artículos
Colaboraciones 2008
I.QUE SE VAYAN
II. CORRE, CONEJO
III. LA ESTRELLA ERA...
IV. YA LO DECIA...
V. ¿DONDE ESTUVISTE...
VI. VOCABULARIO...
VII. INCREMENTO...
VIII. OBJETIVO...
IX. DEL BOSQUE
X. UN TIPO...
XI. FORTUNA
XII. UN MINUTO...
XIII. CALABAZAS
XIV. HE VENIDO...
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VII.- Incremento progresivo de la ‘carga’

Ya la propia expresión (‘Incremento progresivo de la carga’) auguraba negros nubarrones. Porque si bien los términos ‘incremento’ y ‘progresivo’ eran palabras que le hacían soñar a uno con plusvalías y suculentas ganancias, con aumentos de sueldo e insólitas aventuras amorosas de un pasado remoto, lo de la ‘carga’, ya digo, me daba mala espina.
Por ir haciéndome a la idea, a eso del mediodía, y a la espera de la explicación que por la tarde habría de darnos nuestro amado líder, decidí echarle un vistazo al diccionario, por ver si me aclaraba las dudas. Como me había supuesto, el asunto olía a cuerno quemado. Así luego vino lo que vino.

“Carga”.

1. Cosa transportada a hombros, a lomo, o en cualquier vehículo.


Vehículono había, eso estaba claro; y menos aúnlomo’, salvo que quisieras subirte a la chepa de Lucas o a la de Míchel, que son gente con las espaldas bien anchas. Pero tampoco era cosa de abusar, de modo que cada quien tuvo que ‘cargar’ con lo suyo. Y mientras íbamos a la sombra y por lo llano, bueno. Pero luego


2. Cantidad de sustancia explosiva que se pone en un arma de fuego, en una mina, en un barreno, etc.

Ya me lo habían advertido: “Si quieres correr de veras, tienes que alimentarte consustancia’. Nada de dietas al uso: comida-comida”. Dicho y hecho; nada más levantarme de la siesta, abrí la nevera y me puse manos a la obra: que si media docenita de croquetas para ir abriendo boca, las magras con tomate de todos los sanfermines, mi ración de torreznos bien tostados, choricitos fritos con toda su pringue… Y de remate, cuatro helados de nata y fresa, más que nada para desengrasar. Vamos, lo normal en estos casos.

Con semejante verbena en mi interior, llegué a La Tapia henchido de gozo; porque de lo que se trataba, precisamente, era deexplotar’, según el diccionario. Y es que yo, la verdad, entre seguir las recomendaciones de un buen manual o hacer caso de lo primero que se le pueda ocurrir a Lloz debajo de una encina (sobre todo si está de mal humor, porque no haya dormido la siesta o lo que sea), pues oye, qué quieres que te diga, me quedo con la Academia.

3. Repuesto del depósito o chasis de un utensilio o aparato cuyo contenido se agota periódicamente.

Ya durante la charla empecé a sentirme raro (de hecho, apenas me enteré de nada, para variar) y en los primeros kms hice lo posible por mantener el tipo; ahora bien, en cuanto dio comienzo la endiablada cuesta, mi sensible estómago experimentó súbitamente un vaciado total (no voy a dar detalles, por guardar el decoro).Agotado, pues, y sin ‘repuesto’ alguno con el que remediar el vacío, me puse a buscar con ansia un surtidor, una manguera, cualquier resorte al que enchufarme, por la cosa de ‘recargar periódicamente’ y recobrar algo de fuerza (y un mínimo de compostura). Pero no hubo forma: por allí no manaba fuente alguna (o al menos yo no la vi, aunque luego Ana me dijo que sí que había), y era ocioso pensar en una nevera como la de marras, con torreznos o sin ellos. Así que me arrastré mientras pude a rebufo de Porfirio durante los 2km de ascenso, y llegué arriba alucinado y solo, en el merochasis’. ¡Qué bochorno, madre mía!

4. Impuesto, tributo, cualquier gravamen ligado a una propiedad o a un estado y al uso que de estos se hace.

Agonizante como iba, con esa extraña lucidez que confiere la vecindad de la muerte, me lo barrunté: “Lo mismo todo este carnaval es un montaje de la cúpula tapiera para cobrarnos un impuesto o ‘carga’ extra por cruzar la ‘propiedad’ o cerro de Garabitas, paso obligado hacia el más allá”. Conforme me iba disolviendo entre el sudor y los vehementes vahídos de la agonía, lo vi con claridad: aquí había pasta por medio, pero que mucha pasta. Si, como decía el diccionario, de lo que se trataba era de cobrar un plus ‘ligado a un estado’ (el de ‘muerte clínica’, para ser exactos), lo de hoy era un filón inagotable, dado el desfile de cadáveres que iba coronando el mencionado cerro. Suficiente para salir zumbando con la pastizara a Las Bahamas y desaparecer de La Tapia un par de jueves. Por cierto, ¿dónde andaba el famoso Garabitas, justamente el día de ‘su’ cerro y de ‘su’ carretera? O dicho de otro modo, ¿cuál es el número de su cuenta en Suiza?

5. Embestida o ataque resuelto al enemigo.

Así y todo, ya más muerto que vivo, humillado por el insidioso impuesto y decidido a descargar lo antes posible toda la mala baba acumulada, me dije, en plan sanferminero, nuevamente: “Tengo como ganas de ‘embestir o atacar con resolución’. Lo que no sé es a quién”. Así que miré en derredor en busca de una víctima propicia, y divisé en lontananza a Javi, que según me pareció, mantenía una fuerte polémica con Serafín. Como quien no quiere la cosa, y aprovechando la bajadita, fui reduciendo la distancia que me separaba de ambos, hasta ponerme a su espalda.

6. Reprensión áspera y fuerte.

-¡Me-cagon-to’s-tus-muertos, cacho mamón! –mascullaba entre dientes nuestro querido Javi, cuando llegué a su altura-. A ver por qué tu lógica racional tiene que proporcionar a tus piernas más velocidad de la que confieren a las mías mis creencias atávicas, ¿eh?

Y no conforme con el exabrupto, le lanzó un puñetazo, justo en el momento en que pasaba mi menda, a resultas de lo cual me puse a sangrar por las narices como un gorrino.

-Qué quieres, majo, las carreras son así -le respondió con su característica arrogancia el sabio Serafín-. Unas veces se pierde y otras…también. Sobre todo si pone uno sus fuerzas en manos del Absurdo Omnipotente. Más te valdría, en lugar de invocar a fuerzas irracionales, instalarte unas semanas, por ejemplo, en Tenerife y subirte un puertecillo de 18km tres veces al día. A lo mejor con eso se te arreglaba el cuerpo… y lo demás.

-Pues que sepas –le ‘reprendió áspera y fuertemente’ Javi- que, aunque tú no lo creas, tienes muy poquita educación, pero que muy poquita. Y lo que más siento es haberle reventado las narices a esa pobre criatura (o sea, yo) cuando lo que pretendía era darte un escarmiento. Ahora que…al infierno vas. Eso seguro. Por soberbio.

Y así siguieron enzarzados cuesta abajo, mientras la hemorragia seguía sin dar señales de contención


7. Bizma o emplasto para las caballerías, compuesta de harina, clara de huevo, ceniza y bol arménico, todo batido con la sangre del mismo animal.

Llegado que hube al MP, busqué la forma de recomponer en lo posible mis maltrechas piltrafas musculares, y antes de nada las napias, para lo cual hube de recurrir al famosoemplasto’. Recordé a tal efecto el bálsamo de Fierabrás. Y lo recordé porque, días antes, el propio Garabitas había tenido a bien insertar en el foro una imagen en la que aparecíamos Lloz y un servidor caracterizados como dúo cervantino, en alusión a la anunciada charla del jefe acerca del asunto de marras, uséase, el ‘incremento progresivo de eso’.

De este modo, con la ‘ceniza’ del ‘cuerno quemado’ que me colgaba de la frente ya desde el mediodía (véase el segundo párrafo de este rollo), más un puñado de tierra del arroyo Meaques (digno sucedáneo del ‘bol armenio’), una ‘clara de huevo’ de urraca que cogí de una encina, una pizca deharina’, que se había derramado en el maletero dos días antes viniendo del correfur, y un hilillo ‘de la propia sangre’ que seguía escurriendo de mi triste boniato tumefacto, digo, con todos los ingredientes bien ‘batidos’, hice una plasta (decir ‘emplasto’ sería innecesario adorno) de consistencia media-baja que me apliqué sutilmente en las partes dañadas, pero sobre todo allí donde más escocía, es decir, en lo más profundo de mi orgullo atlético, hoy una vez más vapuleado por los elementos.

(…)

Y lo que son las cosas, el fino ungüento acabó obrando el milagro, de tal modo que, al cabo de unos diez minutos, mi maltrecho cuerpo comenzó a salir del estado en que se hallaba, y poco a poco me dispuse a hincarle el diente a la estival merienda tapiera. Primero fue un poco de melón, para tentar la suerte. Pero como vi enseguida que el buche no sólo aguantaba el envite sino que demandaba algo más sólido, me fui atreviendo con la tortilla y la empanada, la ensalada y el lomo, los frutos secos, las cerezas, el bizcocho y cuanta maravilla fue apareciendo-desapareciendo (construcción=destrucción) sobre la mesa. Más que nada, por aquello de ‘reponer el depósito’ e ‘incrementar progresivamente la carga’.



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