Índice de Artículos
Colaboraciones 2009 (4 a 7)
4ª (11-Junio )
5ª (18-Junio )
6ª (25-Junio )
7ª (02-Julio)
Todas las páginas

 

Colaboraciones 2009

 

 






 


 

Tapiero ScopScop (11-06)

De nuevo publico la crónica por anticipado, me baso en mis recuerdos de la del año pasado por lo que teniendo en cuenta que acabé desorientado tras las series por los puntos cardinales es posible que cometa errores en la transcripción, bueno eso y que la cromática foto publicada por Lloz no permite ver bien la serie en dirección Este.


Jaque mate en seis jugadas


Hoy toca la Tapia en estrella, no confundir con la Tapia nocturna y menos con la del año pasado que ni tan siquiera tuvimos Luna, tampoco con el barrio del mismo nombre, lo conozco bien y no tenemos Tapia aunque si aparcamiento regulado por la ORA que todo lo más sería un muro de las lamentaciones.

La Tapia en estrella es la Tapia en estrella y hace varios años que se celebra, a juzgar por el colorido de la foto colgada por el jefe parece un tablero de parchís pasado por un departamento de I+D+i, pero su ejecución parece más propia de una partida de ajedrez, fría y calculadora, de ahí el título.

Como siempre saldremos del Meeting Point a la hora acostumbrada, ocho menos cuarto, y a trote allegro ma non troppo llegaremos al puente de la Garrapata que bien pudiera estar repleto de troncos según ha explorado la Promesa, cuando digo allegro ma non troppo quiero decir allegro ma non troppo y cuando digo la Promesa me refiero a mi tocayo.

Junto al pretil del puente recibiremos una charla técnica del doctor Garabitas sobre el sistema cardiovascular, nos vendrá bien reforzar nuestro conocimiento médico sobre la materia a tratar porque la Tapia en estrella exige mucho de dicho sistema y cuanto más sepamos mejor.

La primera parte de la sesión, o entrenamiento fraccionado como dice el mister, consiste en avanzar mil casillas hacia el Norte (línea amarilla) y tras la recuperación volver al punto origen; no recuerdo si hay que cruzar la vía, o sea la del tren no la Láctea que pilla algo más lejos, pero al hacerlo por un paso superior no será necesario consultar los horarios de la Renfe para evitar coincidencias, conjunción astral en terminología estelar.

La segunda parte es de color rojo, quizás por el tono que van a adquirir las caras de los más lanzados, saldremos hacia el Oeste y haciendo un bucle de mil doscientas casillas volveremos a aparecer en el punto de partida aunque algo más cansados, a estas alturas algunos empezarán a entender porqué le llamaban el Salvaje.

La tercera es azulona o cianótica, de nuevo avanzaremos mil casillas hasta las vías ahora en dirección Este, que yo recuerde cerca de las vías se hace un pequeño receso, a algunos les parecerá realmente pequeño, antes de volver con las mismas prisas al puente de la Garrapata que, cinco fraccionados después, asemejará la entrada de un hormiguero, con gente corriendo en todas direcciones como pollos sin cabeza preguntándose que es lo que toca ahora.

Casi nada, como colofón el Sur, quizás Don Luis haya pintado este recorrido de verde en memoria de mi equipo, recién descendido pero que resurgirá de sus cenizas lo que no sabemos es cuando ni por cuanto tiempo, esta fracción quizás sea la más difícil de la tarde ya que aparte de ser la última son mil doscientas casillas de dura ascensión hasta la fuente de Cuatro Caminos, la mente no estará para cálculos complejos, tú tira el dado y sal corriendo antes de que te coman.

Es bueno que la cosa acabe en una fuente porque a casi 30º meterse una Tapia en estrella provoca sed. Desde allí volveremos como buenamente podamos hasta el añorado Meeting Point dónde los tapieros presentes comentaremos la sesión en animada merienda cena a la luz del candil, si es que aparece Josero, porque no estaremos como para mirar las estrellas, ¿ o sí?

 


 

Tapiero PorfirioPorfirio (11-06)

HOMENAJE A UN CRONISTA GENEROSO



Suena la Cabalgata de las Walkirias. Ella llora. Desde los primeros compases wagnerianos se han ido convocando recuerdos en cascada. Algunos gratos; otros que horadan el corazón como una garrapata. “Somos polvo de estrellas que piensa sobre las estrellas”, solía repetir su padre citando a Carl Sagan mientras dirigía su telescopio hacia el cielo estrellado desde el balcón de su piso madrileño. Cómo disfrutaba aquellos veranos de infancia oyendo a su padre contar los misterios del universo a los chavales del bloque.
Él ríe a carcajadas. Si no fuera por el sonido de las trompetas, le oiría el auditorio entero. Apenas faltan tres vueltas. 1200 metros, tres minutos y medio de nada. Desde el sexto kilómetro ya nadie puede seguirle. Ni siquiera la Promesa, el que tantas veces le había doblegado en la última recta. El estadio ruge y él se recrea comprobando por la pantalla gigante la desesperación de sus rivales. Llega la última vuelta, el último esfuerzo. Ya no hay isquemia que le detenga. Va a ganar. Allí está la curva del 200. Vuela hacia ella, apretando los dientes y alargando más la zancada, golpeando con más furia el tartán, cerrando los puños…
Ella intenta agarrar su mano buscando consuelo. No puede. La tiene cerrada con el rigor de la muerte. Le mira y se sobrecoge viéndole cabecear con los ojos cerrados y la sonrisa más amplia que le ha visto nunca. Suda a chorros.
“¡Jabo, jabo!” - le grita alarmada mientras enciende la luz de la mesilla de noche.
“¿Qué pasa, qué pasa?”- responde él incorporándose.
“¿Tenías una pesadilla?”
“Sí. Bueno, no. Varias. Varias. Varios sueños horribles… Horribles. Primero me atacaba un monstruo justo cuando enfilaba la recta de los cien… Un ser espantoso con cinco brazos, o seis, no sé, no me acuerdo… Me hurtaba toda la sangre… Qué digo hurtar, robar, con todas sus letras, que lo menos fueron dos litros lo que me sacó… El intestino, los músculos, todo falto de riego, seco me dejaba… Y Promesa entraba triunfante mientras a mi me sacaban las asistencias ante la conmoción del respetable. Pero lo peor vino después”.
“¿Qué fue?”
“Soñé… soñé que no iba a la Tapia, que nos íbamos a un concierto de Wagner… Era tan real… Tan catastrófico…”
“Buah… Eso no te los crees ni tú… Que ya puede caer un meteorito en plena Casa de Campo el día de la Tapia que ahí que te vas con tu gorra y tu pañuelo ese de dibujos animados en la muñeca… ”- dijo ella mientras se daba la vuelta y apagaba la lamparilla.
“Y encima Lloz se ausentaba tres semanas…” – musitó él apagando la suya.
"Buenas noches" - dijo ella medio bostezando.
"Buena suerte" - respondió él aun alarmado.

 


 

Tapiero JaboJabo (11-06)

III. CONTRADANZA



El compromiso venía de largo, nada menos que de noviembre. Y a ver quién decía que no. Eran cuatro suites de Bach, a las siete y media de un jueves de junio, yo qué sabía, si estas cosas suelen ser en sábado, o como mucho en viernes. Bueno, vale, cuatro piezas en estrella, a razón de cinco o seis danzas cada una: que si zarabanda, que si polonesa, que si giga o minueto, ya tú veh, mi-emmmano.

En medio del escenario, dos claves de tonos rojizos frente a frente, una mera transposición del puente de la Garrapata, eso seguro. Empezaron a entrar los músicos, y no iban de negro. Bueno, ellos sí, pero no ellas, vestidas de rojo, de verde manzana, de violeta intenso, dos de azul. Una de las violas parecía una brujita rastafari, y un oboe era meramente el último mohicano. Poco que ver con una orquesta convencional; era más bien una reunión de atletas algo estrafalarios. Dirigía el cotarro un hombre de espaldas que no se limitaba a coordinar; también corría, digo tocaba el clave. En medio del escenario, es decir, justo en el pretil del Garrapatas.

Empezó el baile casi sin avisar. Salieron zumbando dos trompetas y el fagot, seguidos de cerca por un redoble de timbales (un tipo barbudo e imprevisible) que prometía caña intensa. Sin más demora salieron arreando la chica del foulard azul, la princesita rubia (violines) y la potente violonchelista de violeta intenso. A punto estuve de tirarme al ruedo, arrastrado por aquella marea incontenible. De hecho, sufrí un agudo tirón allá donde menos lo esperaba. Allá mismo: en el centro neurálgico de… Vamos a dejarlo.

Breve recuperación y ataque a la segunda suite, el segundo brazo de la estrella. Por la cosa de trabajar todo el espectro muscular (o musical, o como se diga), el segundo ciclo salió como desmañado, todo el mundo conteniéndose las ganas: minueto, polonesa lenta, rondeau… un churro revenido y nada crujiente. Allí todo el mundo (incluida la ‘concertino’, embutida en un largo vestido estrecho que despertó todo tipo elogios entre el personal) se limitó a guardar fuerzas para más tarde.

Descanso-Recuperación.

La vuelta fue más briosa, alegre, aunque sin exagerar: overtura, gavota, forlane (‘Ese es mi-al-leti’, susurré a mi vecino de butaca), y por ahí. Cuando menos se esperaba, el timbal, enardecido, cogió el carro de las chufas y se lió a zumbarle al parche como un poseso. Los dos violones (sic) le respondieron con energía. La princesita rubia y la bruja rasta se subieron al bus y les aguantaron el tirón a los violines. Se armó la gresca: iban a 3.30 como mínimo, y tras ellos el mohicano y un oboe con la lengua fuera. A esas alturas, el jefe ya no era capaz de poner orden exigiendo ritmo de minueto: “¡Ni minueto ni ostias!”, se le oyó decir al timbal, que trepaba como un gamo camino del Mortirolo. Por mi parte, tuve que pedir que me amarraran a la butaca, como al otro con las sirenas, más que nada porque la concertino se había sumado a la vorágine y estaba completamente desatada.

Casi sin recuperar enlazaron con la suite final, la subida a Garabitas. El primer tramo salió vivo, muy vivo, pero afortunadamente el ritmo se remansó en el siguiente ciclo, una gavota algo melancólica, que nos dio un respiro para contemplar despacio y por última vez los redondeados hombros de la violonchelista, ay. Fue visto y no visto; de inmediato, las trompetas llamaron a rebato y aquello ya fue una batalla a sangre y fuego. Daba igual que el asfalto estuviera levantado o que del suelo saliera un fuego que derretía las piedras. El mohicano se lanzó en tromba, la rastafari saltó como una exhalación, la princesita rubia (tan modesta, en apariencia) pegó un arreón que a punto estuvo de llevarse por delante a uno de los oboes, y Lloz… Bueno, el director se olvidó finalmente de coordinar aquel baile enfurecido y salió de estampida como si le persiguieran cien pares de fantasmas.

Era su despedida antes de viajar más lejos, muy lejos. La orquesta esperaría su vuelta para recuperar el aliento.

 

 


 

Tapiero ScopScop (18-06)

Qué fresquito se está en Madrid Smilecreo que el sol me ha dado fuerte en estos días de feliz reencuentro con mi tierra ancestral, de ahí que haya escrito la crónica previa a la Tapia de turno poseído por el verso florido y las humoradas de su autor.

En este mundo traidor

Cada vez que oigo hablar de ocho miles me entran escalofríos por el cuerpo, sobre todo en los gemelos que acabarán forzados, dicho así me parece una palabra preciosa, o sea escalofrío aunque gemelo también tiene su punto, pronúnciese despacio, e s c a l o f r í o, sobre todo cuando se combina con ocho miles, lo mismo la propongo como palabra favorita en el concurso ese del Cervantes.

Busqué la ciencia, y me enseñó el vacío.
Logré el amor, y conquisté el hastío.
¡Quién de su pecho desterrar pudiera,
la duda, nuestra eterna compañera!.



Con semejantes dudas andan a estas horas dos tapieros que al atardecer cruzarán aguzadas miradas entornando retadores sus ojos bajo el sol impenitente, prestos al duelo “creo que puedo estar para 16:40-16:50, pero no me quiero volver loco de salida”, “16:59, aunque no sé si va a salir el mejor día para intentarlo..., ¿te parece razonable 16:50?” responde el contendiente que solo venía a rodar, al fin la negociación concluye con un “Ok, apunto 16:50”, prestos a desenfundar las zapatillas.

¿Qué es preciso tener en la existencia?
Fuerza en el alma y paz en la conciencia.
No tengáis duda alguna:
felicidad suprema no hay ninguna.



Pudiendo elegir quizás hoy prefirieran fuerza en las piernas pero el poema es como es, hombre por diez segundos de diferencia y tratándose de ocho miles… mas que tengan cuidado porque hasta la misma Edurne tenía diez dedos hasta que se le ocurrió lo del Kangchenjunga, que es tan ocho mil como nuestro Aquiles aunque de feroz pronunciación, luego mira lo que pasa con la regla esa del cuento diez y me llevo una.

Aunque tú por modestia no lo creas,
las flores en tu sien parecen feas.
Te pintaré en un cantar
la rueda de la existencia:
Pecar, hacer penitencia
y, luego, vuelta a empezar.



En este caso es probable que, debido a la temperatura, primero pequemos en exceso y luego hagamos penitencia, lo que no creo es que nos queden muchas ganas de volver a empezar, con llegar enteros al campamento base el bus se dará por satisfecho, al fin y al cabo hablamos de ocho miles.

Retomando el hilo inicial es lo menos malo que te puede pasar, que te entren escalofríos en los ocho miles, cuanto más alto la temperatura baja más aunque parezca un contrasentido, creo que le dicen relación inversamente proporcional pero para mí que debe ser por otra cosa.

En este mundo traidor,
nada es verdad, ni mentira,
Todo es según el color
del cristal con que se mira.



Ya lo dijo Campoamor, que de esto sabía un rato, ¡campoamor!, otra unión intemporal de palabras, como escalar y frío, Tapia y Lloz (si llamasen a jueves, pecaminoso trío) o Espoz y Mina, que leyéndose a la anglosajona manera podría querer decir amor por el campo, amar en el campo, ¿decir, hacer? ¡ojo! porque en el Amor la diferencia es mucha.

Menos mal que la mires como la mires nuestra Casa siempre será de Campo, como las amapolas o la señora marquesa, en su seno cualquiera podría sentirse escalador, quedarse helado a pesar del calor, siempre haciendo más que diciendo, sobre todo si es jueves, estamos en temporada de Tapia y toca el ocho mil.
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Tapiero PorfirioPorfirio (18-06)

EL SEIKO



"¿Y a ti por qué te llaman "El Seiko"?"
"Porque soy capaz de decirte al ritmo que vas con solo mirarte. Me puedo equivocar en dos segundos... A to tirar..."
"Pero si nunca llevas reloj..."
"Pues por eso..."
Conocí a José Luis Corrales, "El Seiko", en un Akiles de finales de los 80. Creo que fue el 89... no sé, el Queco se acordará mejor. Era la segunda edición y no había un duro en la caja ni para comprar un megáfono. Alguien me habló de este portento, de su rara habilidad para "pulsar la realidad", como describían los más pedantes. Se decía que podía contar las ventanas del Empire State con sólo mirar unos segundos la fachada; que podía determinar el día de la semana que fue el 12 de julio de 1458 o saber tu temperatura con solo rozarte... A la desesperada decidimos probarlo un día antes. Le plantamos en la salida y nos lanzamos a correr el grupete habitual del parque. Eramos lo menos 20 y él, en lo alto del coche, nos iba cantando a cada cual el tiempo que estábamos haciendo y hasta la frecuencia. "Vas lento Palacios, tocándote la minga a 3:58, 18:32 acumulado y 163 pulsaciones...". No dábamos crédito... El coche esperaba y pasaba Malagueta: "Primo, que eres un primo, que a 4:12 como vas ahora y con garabitas todavía por subir vas a reventar, primo... a 166 ya... y Toppez al lado silbando a 140... 19:00 acumulados, terminaréis en 36:12... si es que no llegas muerto, matao...". Así, uno tras otro, leyéndoles la cartilla de la cruda realidad o del sueño que podían cumplir. Y todo por sensaciones, o poder mental, o vaya usted a saber por qué...
El caso es que el día de la prueba lo pusimos como cronómetro humano. No sabíamos ni los dorsales que habíamos vendido. ¿Iba a ser capaz aquel garrulo de controlar tantos tiempos...? Pues a pesar de que la víspera estuvo de farra y que llegó muy estropeado a la meta, dio una lista casi exacta - de su puño y letra, claro, nada de excelsas hojas de cálculo, ni chips ni leches. Solo falló con el Yudus al que dio ganador en su categoría. Fue capaz de seguir su ritmo, sus pulsaciones, hasta el ácido láctico que acumulaba si hubiera sabido qué carajo era eso. Todo lo supo, lo habitual, lo extraordinario, solo con verlo correr. Solo hubo un detalle en el que no reparó: el dorsal. Yudus acostumbraba a almacenar dorsales en el maletero, junto con las zapatillas. Que le ponía correr ese domingo y no lo había planificado, se enganchaba alguno de los dorsales y a correr se ha dicho... Ese día escogió un viejo dorsal de la maratón de Nueva York (hubiera podido ser del Cross de Cantimpalos) y se hizo pasar por corredor del Akiles. Coló, incluso para el Seiko, demasiado pendiente de los tiempos y de controlar su resaca...
No recuerdo ahora si el Yudus recogió el trofeo. Es buen tío, honesto, así que apostaría porque no hizo valer su marca, aunque fuera homologada nada más y nada menos que por el legendario "Seiko". ¿Qué habrá sido de él, de José Luis Corrales...?

 

 


 

Jabo (19-06)

Recompongamos, pues, la escena. Para obtener una idea adecuada de la misma, volvamos al álbum de Garabitas, fotograma número 118, precisamente el último. Y recordemos la frase recopilatoria de tanto debate: “¿Machista yo? Machista Dios que os hizo inferiores”.


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Observemos un momento a los personajes. Los tres varones de la izquierda están encantados de haberse conocido. Han comido albaricoques a cascoporro, se han inflado a cervezas, disfrutan de la suave temperatura nocturna después de un día sofocante. Los tres miran a cámara como diciendo: “Ya sabemos que todo lo que acabamos de decir es mentira, pero es que nos da igual, porque a lo que hemos venido aquí es a pasarlo bien, a cachondearnos de lo que toque, y hoy tocaba lo de siempre, o sea Ellos y Ellas”.

En el fondo, son buena gente, en casa ponen la mesa y planchan la ropa, cuidan a los niños y valoran a sus parejas como a iguales, pero “No hemos venido a la Tapia a contar nuestra vida, para eso nos quedamos en casa o vamos al psiquiatra. Esto es mejor: nos cura más que cualquier terapia y encima nos partimos el pecho”.

Ya digo, son tres chavales majetes. Un poco pícaros, desde luego, pero buena gente.

La figura femenina del fondo también mira a cámara, pero lo quiera o no está enfrente (y por lo tanto "enfrentada") a los otros tres. Sin quererlo está imitando el gesto del personaje que tiene al otro lado de la mesa. Ambos mantienen posturas cerradas, como indican los brazos cruzados. Difícilmente llegarán a entenderse. Rectifico: Difícilmente llegarían a entenderse si estuvieran debatiendo frente a frente, pero resulta que no están discutiendo sino posando. Lo que quiero decir es que ella tampoco se toma en serio la disputa, ella también dibuja una media sonrisa que en el fondo es más vacilona (e incluso desdeñosa) que la de los tres badulaques que tiene al otro lado de la mesa. Hay algo más a su favor (de ella, propiamente dicha), y es que no se arredra ni amilana, a pesar de tener que vérselas con los tres forajidos del albaricoque.

Visto lo cual, y una vez analizado el ambiente de parodia, parranda o pamema con que se distraen los cuatro, queda por ver lo que ocurre con el quinto personaje. Para empezar, ocupa el primer plano, pero eso a él ni le va ni le viene; lo suyo no son las cámaras, (como diría Steve McQueen en ‘Los siete magníficos’, "Lo nuestro es el plomo". Aclaro: cuando digo el ‘plomo’ no me refiero a dar la charleta, el sermón o la vara, no; me refiero al manejo del revólver, porque los tipos de la peli eran forajidos reconvertidos en defensores de los menesterosos).

A lo que iba, ese personaje es la clave del cuadro. Es un pistolero que va por libre. Ni mira a cámara ni sonríe ni vacila. Es un francotirador. Come poco y bebe menos, no posa nunca, ni reposa, es un torbellino de ideas con su propia centrifugadora. Es un poeta en estado puro.

Seguramente la frase de marras sea suya. Y lo de menos es si ellas son o no inferiores. Es posible que crea lo que dice, pero tampoco importa. Lo que cuenta es esa feliz paronomasia (Yo-Dios) que nos aclara la cuestión. Dicho de otra forma, lo que él quiere dar a entender es lo siguiente: “Con los materiales de que disponía en el Paraíso (lo de la costilla, y tal), y visto que llegaba el domingo y se me hacía tarde, tampoco me podía salir gran cosa".

Por eso digo que lo que necesita este país (mejor dicho, este planeta) es mejorar la productividad.

¡Qué buena ocasión me perdí anoche!

 


 

 

 


Porfirio

SAWBONES ("EL CIRUJANO")

 

Se esperaba un duelo en la cumbre; más bien a partir de la cumbre, tras los primeros 400 metros de dura subida como había recordado como ánimo intimidatorio uno de los involucrados en las fechas previas al encuentro. Se velaron armas, se diseñaron tretas psicológicas, se acudió a la cita con un dorsal desafiante y con zapatillas luminosas. No hubo tal refriega. Ni siquiera se desenfundó. "El cirujano" se saldría una vez más con la suya pues sus rivales acudieron en son de paz, sin ganas, aceptando de saque la derrota, optando por hacerse un bosque en plan "deporte-salud", o sea, prefiriendo la mariconada (como diría Caño con perdón de Dios).
En otros tiempos "El cirujano" sí tuvo que sacar todo su arsenal de bisturís: comenzar a lo bestia, cortando por lo sano imponiendo un ritmo imposible de seguir, y luego disecando con mayor precisión y finura a los rivales que osaban seguirle los pasos y al territorio refractario de su galopada implacable. Un auténtico Jack el Destripador de la media distancia, un Vesalio de la pista, del asfalto urbano, del camino rural y de la ladera de montaña. Y es que nadie como él conocía de antemano los recovecos de los recorridos en los que se batía con denuedo. En especial la anatomía del mítico bosque, los nervios que emergían de la tierra en la forma de raíces arbóreas y las fascias que cubrían el terreno debido a la hojarasca. Cada pisaba abría el terreno como un golpe de bisturí cauterizando el tiempo bajo sus pies.
Triunfante siempre en las carreras populares, al "Cirujano" le llegó su hora el día en que llegó demasiado pronto a uno de sus duelos, un domingo de un otoño que ya ni recuerdo. El rival tardaba en comparecer así que decidió meterse en un bar a esperar. Por allí andaba el Seiko, que ese día cronometraba la carrera y también había llegado bien pronto (en realidad no se había ido desde que llegara la noche anterior con unos compañeros del curro que celebraban la jubilación de uno de ellos). El caso es que se sentó junto a él y pidió un café con porras. "¿Tú no tomas nada? Hay tiempo y te vas a enfriar"- le dijo el Seiko. "Pues la verdad es que tienen buena cara esas porritas... una no me hará mal, ¿no?". "¡Claro, hombre!". Tras la primera llegaron la segunda y tercera, y ya entonces no estaba el "Cirujano" para muchos (ni pocos) trotes. Salió del bar como una boa y se volvió a casa en el Metro leyendo el periódico tan pimpante (tan pichi que dio varias vueltas a la línea circular sin percatarse de ello). De su duelista ni supo. Fue el final de su imperium y el comienzo de su leyenda.
Ya ves tú, un exceso de celo acompañado de un simple descuido y zas, te caza la molicie y te puede el vulgar hedonismo del desayuno con porras y la vida contemplativa. Ya ves tú, lo malo de guiarse por las sensaciones

 


 

V.- CORREO URGENTE



Mi admirado Luis (Loz):

Desde que te marchaste a tus aventuras marineras, hace ya tanto tiempo, están pasando en la Tapia algunas cosas; mejor dicho, están pasando en la Tapia cosas bastante gordas, y no exagero, porque yo (casi) siempre digo la verdad.

Para empezar, ya no hay silbato, y entonces nadie obedece, porque como ese señor que manda AHORA en la Tapia no usa silbato, y como tampoco es que tenga estilo de mucho mandar (a veces incluso pide opinión a los demás, qué locura), pues entonces todos hacen lo que les viene en gana, y cuando habla al principio en el MP ni le atienden ni están quietos, y las chicas menos todavía, porque como nadie les ORDENA callarse (como tú sabes hacer, con esa autoridad tuya tan masculina), pues todas alborotan como gallinas, y es un desastre. Primer punto.

Ah, se me olvidaba, además el señor de las fotos ya no hace fotos al principio todos juntos, (sólo hizo el primer día), sino que se la pasa tonteando con las chicas, a su edad -no como tú, que eres (algo) joven, todavía-; luego pone en el foro de la Tapia las fotos de otros años (como una de un señor con un cuchillo ENORME en la boca, creo que es de una sezta) y se ríe, yo lo he visto (reírse).

Todo eso al principio, pero lo más grave viene siempre después. Porque el día de Akiles estuvieron todo el rato en las terrazas del Lago, tomando cervezas a todo pasto y boquerones en vinagre, y sortearon a dos para que corrieran y se hicieran fotos sudando para ponerlas luego en el foro y que tú las vieras. Pero lo peor es que todos se reían con la boca llena de boquerones (también croqueta) mientras estas dos personas sufrían a 40ºcent. (aprox.). Y los dos que más se reían eran Malajeta y Jabobo (te lo digo para que los pongas en tu lista de INDESEABLES).

Pues, Papi, (uy, qué tonta, quise decir Luis), hoy ha sido peor, porque han llevado hasta el BOSQUE hamacas, mojitos, neveras, sandías, empanadas (de bonito, de bacalao, de congrio, de pisto, de café con leche, etc.) y también una orquesta para bailar lambada, y han llevado también otras cosas que no digo por ser decente (se compra en las farmacias). Además, los dos que corrieron el otro jueves ya no han querido (correr), y han pasado la tarde (y la noche) bailando y bebiendo y de todo, y sudaban. Dicen que ellos también quieren “gosar al son del dansón”.

También quiero decirte que han decidido por MAYORÍA (votación) que van a rebelarse cuando vuelvas, y los que más gritaban eran los que más te adulan, esos que ponen cara de mucho esfuerzo cuando los miras, pero que son los peores y te apuñalarían por la espalda si pudieran (pero les falta CORAJE); menos mal que yo te aviso y te prevengo (desinteresadamente).

Por si acaso, te lo adelanto para que tomes tus decisiones: dicen que cuando vuelvas no piensan hacer el Sahara, que ellos también prefieren el Caribe (es envidia). Incluso amenazan con transformar los “Jueves de la Tapia” en “Jueves de la Salsa”; vamos, que lo de correr lo aplazan para septiembre, porque lo que de verdad les gusta es dormir la siesta, abanicarse a la sombra de una encina y bailar el mambo a la luz de la luna.

Espero que vuelvas MUY PRONTO para darles su merecido. Yo lo estoy deseando. ¡Disfruto tanto viendo cómo les haces sufrir…!


Se despide: Una Admiradora (Secreta).
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SCOP

Entre siestas, calorinas y otras gaitas no he tenido tiempo ni inspiración para la pre crónica de hoy pero a veces con pocas palabras basta y si una imagen vale más que cien palabras con un vídeo ni te cuento, así que abróchense los cinturones que despegamos.

La Heavy Tapia

Es primer jueves de julio y la vamos a liar en la Tapia, tras un calentamiento de 8 kilómetros, que ya es calentar con estos calores, daremos buena cuenta del llamado Obús, obuses a nosotros, ¡bah!.

Se pueden seguir fácilmente los acontecimientos viendo/escuchando de fondo en una ventana independiente al triunvirato formado por Lloz, Paco y Palacios interpretando la tórrida danza tribal que nos han preparado para el 3 mil de esta ignífuga tarde para que los corazones empiecen a dar saltos antes del asalto final, al cuarto miembro no le tengo identificado pero no me extrañaría que fuera el mismísimo Yudus disfrazao.

Si te gusta la versión retro (letra a partir del 1:55) pincha en http://www.youtube.com/watch?v=vrQVPX27x90 o en este otro si prefieres el directo http://www.youtube.com/watch?v=S0C47IOTl3M


NO HAS APURADO TU ÚLTIMA COPA
HAS EMPEZADO DE CERO A AHORA
ALGO TE DICE QUE TENDRÁS SUERTE
SI ESTÁS CANSADO YA NO LO SIENTES

PREPÁRATE
VA A ESTALLAR EL OBÚS

PREPÁRATE
VA A ESTALLAR EL OBÚS

NO HAS ESCUCHADO AÚN LO QUE HACEMOS
Y VAS DICIENDO QUE NO FUNCIONA
NO SERÁ AMIGO QUE TIENES MIEDO
Y QUE TE ESCONDAS PARA NO VERLO

ESCÓNDETE
VA A ESTALLAR EL OBÚS

ESCÓNDETE
NO TE APLASTE EL OBÚS

VES A LA GENTE COMO SE MUEVE
TUS GOLPES BAJOS NO LOS DETIENEN
MIENTRAS MURMURAS CON EL DE AL LADO
QUE EL BATERÍA ENTRÓ CRUZADO

Y YO SÉ BIEN
QUE TE QUEMA LA ENVIDIA

PREPÁRATE
VA A ESTALLAR EL OBÚS

PREPÁRATE
VA A ESTALLAR EL OBÚS

PREPÁRATE
VA A ESTALLAR EL OBÚS

Qué calor diossanto, voy a ponerme la guerrera y me preparo para lo que sea.

Ave César, morituri te salutam!

 

 

Jabo

VI. NO SIN MI GARRAPATA



Como ya iban tres o cuatro sandis (o sambis o como se llame el combinado a base de cerveza y limón, Txamo sabrá) no acabé de entenderlo; o quizá oí lo que se dijo y luego la fantasía se ocupó de atar cabos, vaya usted a saber.

El caso es que había que hacer el obús, un ejercicio matancero, para qué engañarse. Sale la gente convencida de que lo de ‘obús’ va en serio, y aquello es un ataque mortífero desde el primer metro. Sangre fresca, sangre a temperatura ideal para hincar el diente, el colmillo si hace falta, la mandíbula completa.

Es la estrategia de la garrapata.

Por lo visto, el albatros es un ave longeva que puede vivir hasta ochenta años, ahí es nada. Longeva y fiel, por si fuera poco. O longeva a base de ser fiel, lo que confirma la teoría de que vale más no meneallo, con perdón. Esa tendencia a la simplicidad la aplica también a la descendencia, porque sólo pone un huevo.

Por su parte, la garrapata es un contumaz parásito del albatros, a cuya piel se aferra por más que el pájaro se desplace miles de kilómetros. Y lo que es peor, cada vez que pega un chupetón de sangre, el insecto le inyecta a su víctima un anestésico, para que no se entere de la carnicería a que le está sometiendo.

Pues bien, cuando la garrapata se ha inflado de sangre se desprende del plumaje del albatros, copula con su pareja y muere. La hembra lo hace poco después, en cuanto deposita unos diez mil huevos que repetirán el ciclo.

Así pues, si de lo que se trataba era de hacer un obús como Palacios manda (Lloz, lo siento, pero Palacios se trajo esta vez silbato, nos inyectó un calentamiento a 4.30 y nadie, pero nadie, rechistó. Lo digo porque o vuelves pronto o te quedas sin liderazgo)… Decía que si te planteas ese tres mil feroz en bajada, ¿tú qué prefieres ser, albatros o garrapata?

Conviene saber que la garrapata se te pega al costado, te fríe a picotazos, te empuja como sin querer, te pisa una, dos, tres veces, te va parasitando sin que te enteres y en tanto te vacía las arterias se va inflando inflando hasta que llega un momento en que explota, eso sí, sin copular ni nada que se le parezca, sin alcanzar el clímax del que hablaba Javi Lozano esta noche adornada de maridos, mujeres y abanicos bien agitados. La garrapata, cuando se pone a correr el obús, no puede huir de su condición de parásito, lo que se traduce en un aparente triunfo inicial que lo mismo acaba haciendo crack a cien metros de la llegada (esta vez no voy a dar nombres).

El albatros se lo plantea de otro modo. Está acostumbrado a volar largo, ya digo, miles de kilómetros. No tiene prisa, tiene prudencia. Es fiel a sus ritmos, a sus tiempos, a su futura descendencia, fuerte pero también frágil porque lo fía todo a una sola carta; y aparentando prudencia, realmente se la juega a fondo. ¿Cuál es, entonces, su estrategia? Aparentar calma, sosiego, tranquilidad, aunque en el fondo sepa que debe ajustar su cálculo al milímetro, porque sólo tiene una carta, y a su chepa lleva clavadas media docena de garrapatas.

A fin de cuentas, la garrapata vive a costa del albatros, pone miles de huevos y muere acto seguido. Es la paradoja de la abundancia resuelta en un fruto justito, porque en el fondo no tiene nada, salvo posibles víctimas parasitables. El albatros, por su parte, pone un solo huevo, que a menudo se malogra, pero vive lo suficiente como para ver cumplido su sueño (se sabe de alguna hembra que sigue poniendo huevo -uno, siempre uno- a los 58 años). La del albatros es la paradoja de la pobreza bien administrada.

Cada uno de ellos, garrapata y albatros, conoce bien su condición, y se las apaña para perpetuarse. Pero puestos a elegir, prefiero ser albatros, aunque sólo sea por gozar de esas enormes kilometradas con el mundo a tus pies, consciente de que eres frágil, pero seguro de ser tú quien decide a dónde vas, y a qué ritmo, cosa que, por desgracia, no puede hacer la garrapata (que también viaja, y en coche cama, no se olvide, si bien no puede decidir nunca rumbo ni ritmo).

Digo que es lo que prefiero. Pero ser, lo que se dice ser, creo que… no estoy muy seguro. Esta tarde, en concreto, fui bastante garrapata, para qué mentir.

PD: De todo este rollo tiene la culpa Serafín, que en lugar de dormir la siesta se dedica a ver documentales. Y yo mañana madrugo…

PPD: Qnk, lo de las garrapatas nada tiene que ver con Cuenca, jamones ni nada de eso, quede claro.
Sealed

 

Porfirio

CRÓNICA PARENTÉTICA Y CORCHETERA



No será au revoir mis tapiers [tan sólo un parentésis, un hasta luego, hasta más ver, un hasta la vista (sin el dichoso "baby")].
Haré mis debiers, aunque no será igual [sin Lloz ni Palacios (bravo por él) poniéndome orden y coordenadas bajo los pies]; sin el post [al que no me suelo quedar, pero que disfruto sólo con la imaginación, o la pluma postrera (siempre bella y certera) de Jabo];
no serán lo mismo, no, mis debiers parentéticos (sin garrapatas, sin foto previa, sin charleta instructiva);
que estaré al albur, de lo que nos depare Bagur, de sus presuntos pinares y bravos mares; de que el niño no enferme y se tome el yogur, de que me sienta con ganas y no baje la guardia.
Agur mis tapiers, que sigan tan bien, que ya será en agosto cuando nos volvamos a ver!!!

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