Índice de Artículos
Colaboraciones 2009 (4 a 7)
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5ª (18-Junio )
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7ª (02-Julio)
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Tapiero ScopScop (18-06)

Qué fresquito se está en Madrid Smilecreo que el sol me ha dado fuerte en estos días de feliz reencuentro con mi tierra ancestral, de ahí que haya escrito la crónica previa a la Tapia de turno poseído por el verso florido y las humoradas de su autor.

En este mundo traidor

Cada vez que oigo hablar de ocho miles me entran escalofríos por el cuerpo, sobre todo en los gemelos que acabarán forzados, dicho así me parece una palabra preciosa, o sea escalofrío aunque gemelo también tiene su punto, pronúnciese despacio, e s c a l o f r í o, sobre todo cuando se combina con ocho miles, lo mismo la propongo como palabra favorita en el concurso ese del Cervantes.

Busqué la ciencia, y me enseñó el vacío.
Logré el amor, y conquisté el hastío.
¡Quién de su pecho desterrar pudiera,
la duda, nuestra eterna compañera!.



Con semejantes dudas andan a estas horas dos tapieros que al atardecer cruzarán aguzadas miradas entornando retadores sus ojos bajo el sol impenitente, prestos al duelo “creo que puedo estar para 16:40-16:50, pero no me quiero volver loco de salida”, “16:59, aunque no sé si va a salir el mejor día para intentarlo..., ¿te parece razonable 16:50?” responde el contendiente que solo venía a rodar, al fin la negociación concluye con un “Ok, apunto 16:50”, prestos a desenfundar las zapatillas.

¿Qué es preciso tener en la existencia?
Fuerza en el alma y paz en la conciencia.
No tengáis duda alguna:
felicidad suprema no hay ninguna.



Pudiendo elegir quizás hoy prefirieran fuerza en las piernas pero el poema es como es, hombre por diez segundos de diferencia y tratándose de ocho miles… mas que tengan cuidado porque hasta la misma Edurne tenía diez dedos hasta que se le ocurrió lo del Kangchenjunga, que es tan ocho mil como nuestro Aquiles aunque de feroz pronunciación, luego mira lo que pasa con la regla esa del cuento diez y me llevo una.

Aunque tú por modestia no lo creas,
las flores en tu sien parecen feas.
Te pintaré en un cantar
la rueda de la existencia:
Pecar, hacer penitencia
y, luego, vuelta a empezar.



En este caso es probable que, debido a la temperatura, primero pequemos en exceso y luego hagamos penitencia, lo que no creo es que nos queden muchas ganas de volver a empezar, con llegar enteros al campamento base el bus se dará por satisfecho, al fin y al cabo hablamos de ocho miles.

Retomando el hilo inicial es lo menos malo que te puede pasar, que te entren escalofríos en los ocho miles, cuanto más alto la temperatura baja más aunque parezca un contrasentido, creo que le dicen relación inversamente proporcional pero para mí que debe ser por otra cosa.

En este mundo traidor,
nada es verdad, ni mentira,
Todo es según el color
del cristal con que se mira.



Ya lo dijo Campoamor, que de esto sabía un rato, ¡campoamor!, otra unión intemporal de palabras, como escalar y frío, Tapia y Lloz (si llamasen a jueves, pecaminoso trío) o Espoz y Mina, que leyéndose a la anglosajona manera podría querer decir amor por el campo, amar en el campo, ¿decir, hacer? ¡ojo! porque en el Amor la diferencia es mucha.

Menos mal que la mires como la mires nuestra Casa siempre será de Campo, como las amapolas o la señora marquesa, en su seno cualquiera podría sentirse escalador, quedarse helado a pesar del calor, siempre haciendo más que diciendo, sobre todo si es jueves, estamos en temporada de Tapia y toca el ocho mil.
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Tapiero PorfirioPorfirio (18-06)

EL SEIKO



"¿Y a ti por qué te llaman "El Seiko"?"
"Porque soy capaz de decirte al ritmo que vas con solo mirarte. Me puedo equivocar en dos segundos... A to tirar..."
"Pero si nunca llevas reloj..."
"Pues por eso..."
Conocí a José Luis Corrales, "El Seiko", en un Akiles de finales de los 80. Creo que fue el 89... no sé, el Queco se acordará mejor. Era la segunda edición y no había un duro en la caja ni para comprar un megáfono. Alguien me habló de este portento, de su rara habilidad para "pulsar la realidad", como describían los más pedantes. Se decía que podía contar las ventanas del Empire State con sólo mirar unos segundos la fachada; que podía determinar el día de la semana que fue el 12 de julio de 1458 o saber tu temperatura con solo rozarte... A la desesperada decidimos probarlo un día antes. Le plantamos en la salida y nos lanzamos a correr el grupete habitual del parque. Eramos lo menos 20 y él, en lo alto del coche, nos iba cantando a cada cual el tiempo que estábamos haciendo y hasta la frecuencia. "Vas lento Palacios, tocándote la minga a 3:58, 18:32 acumulado y 163 pulsaciones...". No dábamos crédito... El coche esperaba y pasaba Malagueta: "Primo, que eres un primo, que a 4:12 como vas ahora y con garabitas todavía por subir vas a reventar, primo... a 166 ya... y Toppez al lado silbando a 140... 19:00 acumulados, terminaréis en 36:12... si es que no llegas muerto, matao...". Así, uno tras otro, leyéndoles la cartilla de la cruda realidad o del sueño que podían cumplir. Y todo por sensaciones, o poder mental, o vaya usted a saber por qué...
El caso es que el día de la prueba lo pusimos como cronómetro humano. No sabíamos ni los dorsales que habíamos vendido. ¿Iba a ser capaz aquel garrulo de controlar tantos tiempos...? Pues a pesar de que la víspera estuvo de farra y que llegó muy estropeado a la meta, dio una lista casi exacta - de su puño y letra, claro, nada de excelsas hojas de cálculo, ni chips ni leches. Solo falló con el Yudus al que dio ganador en su categoría. Fue capaz de seguir su ritmo, sus pulsaciones, hasta el ácido láctico que acumulaba si hubiera sabido qué carajo era eso. Todo lo supo, lo habitual, lo extraordinario, solo con verlo correr. Solo hubo un detalle en el que no reparó: el dorsal. Yudus acostumbraba a almacenar dorsales en el maletero, junto con las zapatillas. Que le ponía correr ese domingo y no lo había planificado, se enganchaba alguno de los dorsales y a correr se ha dicho... Ese día escogió un viejo dorsal de la maratón de Nueva York (hubiera podido ser del Cross de Cantimpalos) y se hizo pasar por corredor del Akiles. Coló, incluso para el Seiko, demasiado pendiente de los tiempos y de controlar su resaca...
No recuerdo ahora si el Yudus recogió el trofeo. Es buen tío, honesto, así que apostaría porque no hizo valer su marca, aunque fuera homologada nada más y nada menos que por el legendario "Seiko". ¿Qué habrá sido de él, de José Luis Corrales...?

 

 


 

Jabo (19-06)

Recompongamos, pues, la escena. Para obtener una idea adecuada de la misma, volvamos al álbum de Garabitas, fotograma número 118, precisamente el último. Y recordemos la frase recopilatoria de tanto debate: “¿Machista yo? Machista Dios que os hizo inferiores”.


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Observemos un momento a los personajes. Los tres varones de la izquierda están encantados de haberse conocido. Han comido albaricoques a cascoporro, se han inflado a cervezas, disfrutan de la suave temperatura nocturna después de un día sofocante. Los tres miran a cámara como diciendo: “Ya sabemos que todo lo que acabamos de decir es mentira, pero es que nos da igual, porque a lo que hemos venido aquí es a pasarlo bien, a cachondearnos de lo que toque, y hoy tocaba lo de siempre, o sea Ellos y Ellas”.

En el fondo, son buena gente, en casa ponen la mesa y planchan la ropa, cuidan a los niños y valoran a sus parejas como a iguales, pero “No hemos venido a la Tapia a contar nuestra vida, para eso nos quedamos en casa o vamos al psiquiatra. Esto es mejor: nos cura más que cualquier terapia y encima nos partimos el pecho”.

Ya digo, son tres chavales majetes. Un poco pícaros, desde luego, pero buena gente.

La figura femenina del fondo también mira a cámara, pero lo quiera o no está enfrente (y por lo tanto "enfrentada") a los otros tres. Sin quererlo está imitando el gesto del personaje que tiene al otro lado de la mesa. Ambos mantienen posturas cerradas, como indican los brazos cruzados. Difícilmente llegarán a entenderse. Rectifico: Difícilmente llegarían a entenderse si estuvieran debatiendo frente a frente, pero resulta que no están discutiendo sino posando. Lo que quiero decir es que ella tampoco se toma en serio la disputa, ella también dibuja una media sonrisa que en el fondo es más vacilona (e incluso desdeñosa) que la de los tres badulaques que tiene al otro lado de la mesa. Hay algo más a su favor (de ella, propiamente dicha), y es que no se arredra ni amilana, a pesar de tener que vérselas con los tres forajidos del albaricoque.

Visto lo cual, y una vez analizado el ambiente de parodia, parranda o pamema con que se distraen los cuatro, queda por ver lo que ocurre con el quinto personaje. Para empezar, ocupa el primer plano, pero eso a él ni le va ni le viene; lo suyo no son las cámaras, (como diría Steve McQueen en ‘Los siete magníficos’, "Lo nuestro es el plomo". Aclaro: cuando digo el ‘plomo’ no me refiero a dar la charleta, el sermón o la vara, no; me refiero al manejo del revólver, porque los tipos de la peli eran forajidos reconvertidos en defensores de los menesterosos).

A lo que iba, ese personaje es la clave del cuadro. Es un pistolero que va por libre. Ni mira a cámara ni sonríe ni vacila. Es un francotirador. Come poco y bebe menos, no posa nunca, ni reposa, es un torbellino de ideas con su propia centrifugadora. Es un poeta en estado puro.

Seguramente la frase de marras sea suya. Y lo de menos es si ellas son o no inferiores. Es posible que crea lo que dice, pero tampoco importa. Lo que cuenta es esa feliz paronomasia (Yo-Dios) que nos aclara la cuestión. Dicho de otra forma, lo que él quiere dar a entender es lo siguiente: “Con los materiales de que disponía en el Paraíso (lo de la costilla, y tal), y visto que llegaba el domingo y se me hacía tarde, tampoco me podía salir gran cosa".

Por eso digo que lo que necesita este país (mejor dicho, este planeta) es mejorar la productividad.

¡Qué buena ocasión me perdí anoche!

 


 

 

 



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